From:  IVAN VALAREZO <valarezo7@hotmail.com>
Date:  05 Feb 2009 11:52:24 Hong Kong Time
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Subject:  

(IV篾): LOS PROFETAS ENSE哻RON DEL PERD粍 DE JESUCRISTO

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S墎ado, 31 de enero, a隳 2009 de Nuestro Salvador Jesucristo, 
Guayaquil, Ecuador - Iberoam廨ica 

(Cartas del cielo son escritas por Iv嫕 Valarezo)


LOS PROFETAS ENSE哻RON DEL PERD粍 DE JESUCRISTO: 

Todos los profetas dan testimonio contundentemente de la vida 
y de la sangre sant疄ima del pacto eterno entre el hombre de 
toda la tierra y de nuestro Padre celestial, nuestro Se隳r 
Jesucristo y, por tanto, todo aquel que cree en 匜 recibir�
perd鏮 de pecados s鏊o por invocar su nombre muy santo y 
milagroso con sus labios, para la eternidad venidera. Desde 
el comienzo de las cosas "nuestro Padre celestial ha 
tratado" con los 嫕geles y as�tambi幯 con el hombre del 
para疄o y de la tierra con la sangre eterna de su Cordero 
Escogido, su Jesucristo, es decir, desde mucho antes de la 
creaci鏮 del cielo y la tierra, para que vivan todos y por 
siempre en paz con 匜. 

Dado que, es el Esp甏itu de la sangre y de la vida gloriosa 
de su Hijo amado, la cual no solamente manifiesta y reparte 
verdad y justicia, sino tambi幯 esa paz duradera, la cual 
enriquece el coraz鏮 sant疄imo de nuestro Padre celestial y 
as�tambi幯 la de los 嫕geles y la de los hombres de la 
humanidad entera. Por eso, nuestro Padre celestial siempre 
seguir�tratando con sus 嫕geles y as�tambi幯 con la 
humanidad entera, comenzando con Ad嫕 y Eva en el para疄o, 
por ejemplo, con la misma sangre de su Hijo: "porque sin ella 
nadie podr�jam嫳 ser limpio, santo, justo, perfecto ni menos 
puro para amarle y servirle a 匜 infinitamente". 

Por eso es que el Esp甏itu de la sangre y de la vida gloriosa 
de su Hijo amado, el Hijo de David, el 嫫bol de la vida 
eterna, fue muy importante para Ad嫕 en el para疄o y as�
tambi幯 infinitamente para con cada uno de sus hijos e hijas, 
en todas las familias de las naciones de la tierra. Es decir, 
tambi幯 que la sangre bendita de nuestro Se隳r Jesucristo es 
tan importante y esencial en la vida de los 嫕geles y as�
tambi幯 en la vida de cada d燰 de las naciones, para seguir 
siempre viviendo y andando por el camino de la verdad, la 
santidad y la paz infinita de nuestro Padre celestial y de su 
Esp甏itu Santo. 

Y, de otra manera, no podremos jam嫳 caminar en paz con 
nuestro Padre celestial, ni con su Esp甏itu Santo y sus 
huestes angelicales, sino que su ira se inflama grandemente 
en contra de nosotros, sin que nos demos cuenta de nada hasta 
que ya es demasiado tarde, es decir, si la sangre de su 
Jesucristo no es parte de nuestras vidas. Porque es el 
Esp甏itu de la sangre bendita del Hijo de David, la cual no 
solamente le da paz a nuestro Padre celestial en su coraz鏮 
sant疄imo, para no morirse de ira en contra de nosotros, por 
culpa de nuestros pecados, sino que tambi幯 nos llena a 
nosotros de toda verdad, justicia y de muchas cosas m嫳 de su 
Jesucristo. 

Por eso es que muchos andan afligidos, confundidos y 
sufriendo problemas y enfermedades terribles en sus corazones 
y en sus vidas de cada d燰, porque el Esp甏itu de la sangre y 
de la vida gloriosa del 嫫bol de la vida no est�en ellos, 
sino que la ira de Dios habita en sus vidas para castigarlos 
cada d燰 por sus pecados. Por ello, desde el comienzo, los 
profetas de nuestro Padre celestial comenzaron a ense鎙rles 
estas grandes verdades y justicias celestiales a todos los 
hombres, mujeres, ni隳s y ni鎙s de la antig㷇dad, comenzando 
mucho antes de los tiempos de Abraham y No� para seguir por 
siempre con la misma ense鎙nza para con Israel y para con la 
humanidad entera y sus naciones. 

Porque es la verdad y la justicia de nuestro Se隳r 
Jesucristo, el fruto del 嫫bol de la vida eterna, la cual no 
solamente satisface de toda verdad, justicia, santidad, 
perfecci鏮, paz y gloria para con nuestro Padre celestial, 
sino tambi幯 para con sus 嫕geles y hombres, mujeres, ni隳s y 
ni鎙s de toda la tierra. Fue por esta raz鏮 que Abel y as�
tambi幯 Abraham y sus hijos ofrec燰n sus sacrificios y 
ofrendas sobre el altar del SE埆R, pero siempre saturadas con 
el Esp甏itu de la sangre y de la vida del Se隳r Jesucristo, 
el Hijo de David, para que sus pecados les sean perdonados, 
sanadas sus vidas y sus cuerpos humanos de todo mal. 

Porque la verdad es que por m嫳 santo que sea el ser creado 
por Dios, ya sean 嫕geles, arc嫕geles, serafines, querubines 
o seres muy santos y especiales como Ad嫕 y Eva en el 
para疄o, si no tienen el Esp甏itu de la sangre del 嫫bol de 
la vida, entonces no son lo suficientemente santos, 
verdaderos y justos delante de 匜 para siempre. Y, 
seguidamente, a trav廥 de las generaciones, poniendo en 
pr塶tica progresivamente las ense鎙nzas de los antiguos 
profetas del SE埆R, entonces las dem嫳 gentes segu燰n tambi幯 
sus preceptos, como Israel y sus doce tribus, por ejemplo, 
para mantenerse santos y libres de todos los males del pecado 
y de sus tinieblas en sus vidas de cada d燰, y no morir 
jam嫳. 

Ya que, el terror de la gente de la antig㷇dad no era tan 
s鏊o vivir en pecado y enfermo por alguna enfermedad terrible 
e incurable, sino que su temor era morir y descender al bajo 
mundo de los muertos, para no volver a ver la vida jam嫳 para 
siempre, en el m嫳 all� entonces todos quer燰n vivir libres 
del pecado. Porque todos en la antig㷇dad deseaban volver al 
cielo, como al para疄o o al ceno del SE埆R, como a donde los 
comenz�a formar en sus manos santas, con la ayuda id鏮ea de 
su Esp甏itu Santo y de su 嫫bol de la vida eterna, nuestro 
Se隳r Jesucristo, 〔l Hijo de David! 

Es decir, que todas las gentes de la antig㷇dad conoc燰n muy 
bien el camino antiguo del SE埆R, el cual era su Hijo amado, 
el Hijo de David, sin duda alguna, de acuerdo a las 
ense鎙nzas de todos los profetas, desde el primero y hasta el 
萖timo, por ejemplo. Y 廥te es el camino eterno a la verdad y 
a la vida celestial del nuevo reino sempiterno de nuestro 
Padre celestial, de su Esp甏itu Santo y de sus huestes 
angelicales, siempre comiendo y disfrutando cada d燰 de los 
frutos del 嫫bol de la vida, 〔l Hijo de David! 

Visto que, s鏊o el Hijo de David es el 嫫bol de la vida de 
los 嫕geles y as�tambi幯 de los dem嫳 seres creados por 
nuestro Padre celestial y por su Esp甏itu Santo, como el 
hombre, la mujer, el ni隳 y la ni鎙 de las naciones; por 
ende, s鏊o 匜 es la felicidad de sus vidas y de sus tierras 
infinitamente. Y los profetas del SE埆R les ense鎙ban 
continuamente a las multitudes de la antig㷇dad a seguir el 
camino antiguo del SE埆R, para que sean perdonados y sanadas 
sus tierras y sus cuerpos humanos tambi幯 de los males 
terribles de Satan嫳 y de sus tinieblas de siempre; la 
palabra de Dios cambiaba sus vidas poderosamente, cuando 
cre燰n a los profetas, sin titubear.

Excepto que, si no son perdonados, entonces "sus tierras no 
pod燰n ser sanadas" de ninguna manera y sus frutos no serian 
de lo mejor para alimentar sus cuerpos y as�proveerles una 
vida saludable, libre de males y de enfermedades terribles; 
por ende, la tierra reten燰 sus buenos frutos de sus 嫫boles 
y plantas por la maldad de sus habitantes. La tierra siempre 
ha sufrido los males terribles de los pecados y rebeliones de 
sus habitantes, porque no aman a su Hacedor, ni su a Hijo 
amado, nuestro Se隳r Jesucristo, ni al Esp甏itu Santo de su 
palabra y de Sus Diez Mandamientos, por ejemplo; por eso no 
hay paz en sus derredores, sino s鏊o violencia y guerras sin 
fin. 

Pero cuando los habitantes de las tierras reconoc燰n sus 
errores ante el SE埆R, recibiendo en sus vidas el Esp甏itu de 
la sangre y de la vida del pacto eterno de Jesucristo, 
entonces la tierra era bendecida por ellos grandemente: 
porque sus pecados desaparec燰n como arte de magia, 
seguidamente s鏊o hab燰 por todos lados buenos frutos para 
disfrutarlos cada d燰 y en paz. Y hasta Dios mismo hacia que 
sus enemigos, lejanos y cercanos, vivan en paz con ellos, 
porque la tierra disfrutaba grandemente de la presencia 
gloriosa del Esp甏itu bendito de la sangre y de la vida del 
pacto eterno de entre el hombre de la tierra y el Dios del 
cielo, el Hijo de David, 》uestro Se隳r Jesucristo! 

Es decir, que con la presencia gloriosa del Esp甏itu del 
Se隳r Jesucristo sobre toda la tierra de personas, familias, 
pueblos, tribus, naciones o reinos, entonces la tierra es 
infinitamente feliz, tan feliz que s鏊o puede dar lo mejor de 
sus frutos de todos sus 嫫boles, plantas y animales, por 
ejemplo, para que sus habitantes las disfruten en gran 
abundancia. Y lo mismo es verdad con los r甐s, mares y 
oc嶧nos, si sus habitantes cercanos son malvados en contra de 
Dios y de su Jesucristo, entonces sus aguas no ser嫕 
bendecidas por nuestro Padre celestial para que sus vidas 
marinas les den de sus frutos y de la mejor manera posible 
para sostener sus vidas cada d燰 saludable. 

(En otros t廨minos, por ejemplo: T�eres lo que comes cada 
d燰. Si comes bueno, pues est嫳 bien, vives una vida 
resistente al mal escondido y muy fuerte a la vez sobre todas 
las cosas. Pero si no comes bien, entonces est嫳 viviendo al 
borde de las enfermedades de la tierra o quiz嫳 ya estas 
viviendo en ellas y apunto de sucumbir al bajo mundo de los 
muertos, sin fe y sin esperanza alguna de vida y de salud 
para tu alma viviente en el m嫳 all� Y todo esto te sucede 
por culpa de tus maldades o de las maldades de otros que 
habitan en tu tierra; porque el pecado que cometes en contra 
de Dios, en verdad es en contra de ti mismo tambi幯 y de 
Jesucristo para mal de tu vida; adem嫳, todo pecado sea quien 
sea que lo cometa la tierra se enferma igual. 

Y esto no tiene que ser as�contigo ni con ninguna otra 
persona jam嫳, porque nuestro Padre celestial ya bendijo 
grandemente toda la tierra con el derramamiento de muchos 
poderes sobrenaturales de su Esp甏itu Santo (g幯esis 1:2) y 
as�tambi幯 de la vida gloriosa de su 嫫bol de la vida, �
nuestro Se隳r Jesucristo! Es decir, que nuestro Padre 
celestial ya bendijo grandemente la tierra con la misma vida 
de su Jesucristo, cuando vivi�su vida santa en Israel y 
derramo finalmente su sangre gloriosa sobre la cima del monte 
santo de Jerusal幯, para fin de los males y el comienzo de 
toda bendici鏮 en la tierra y en la vida de todas las 
naciones.) 

Por eso, desde siempre, s鏊o el Se隳r Jesucristo, y su sangre 
sant疄ima con sus muchas bendiciones sobrenaturales, es lo 
mejor de tu vida y de la vida de todos los tuyos tambi幯, 
para que la tierra en donde vives viva siempre bendecida por 
Dios y por su Esp甏itu Santo, ︹racias al Se隳r Jesucristo 
viviendo ya en tu coraz鏮! Porque es lo que est�en el 
coraz鏮 del hombre lo que maldice o bendice la tierra; puesto 
que, todo lo que entra en el cuerpo no contamina al hombre, 
pero si lo que sale de su coraz鏮, nuestro Se隳r Jesucristo 
les explicaba a los antiguos, para que entendieran el gran 
poder que posee el coraz鏮 humano cuando es habitado por 匜. 

Adem嫳, si existiera algo mejor que el Se隳r Jesucristo, como 
el 嫫bol de la vida eterna, para la tierra y para la 
humanidad entera, entonces ya hace tiempo que nuestro Padre 
celestial no solo nos lo hubiese comunicado, sino que tambi幯 
nos lo hubiese entregado a nosotros, sin escatimar nada de 
匜. Pero no hay nada en el para疄o ni en la tierra igual o 
mejor que la vida gloriosa y sumamente santa de su Hijo 
amado, el Hijo de David, para perdonar y borrar nuestros 
pecados, males, problemas y enfermedades terribles en la 
tierra y en el m嫳 all�para siempre y, a la vez, llenarnos 
de tantas bendiciones infinitas. 

Por eso, en Jesucristo somos sumamente ricos, llenos de vida 
y de salud sin fin diariamente, para s鏊o conocer la verdad, 
la justicia, la paz y la gloria de vivir con nuestro Creador 
y con sus 嫕geles, por medio del fruto del 嫫bol de la vida; 
por todo ello, el que encuentra al Se隳r Jesucristo ha 
encontrado su verdadera vida original/celestial. Entonces los 
profetas antiguos eran muy cuidadosos de dejarles entender 
todas estas verdades a las multitudes de la tierra, para que 
vivan en paz con su Dios y as�sus tierras no serian 
maldecidas por culpa de sus pecados, sino benditas por haber 
obedecido a su Dios y Fundador de sus vidas, por medio de su 
Hijo amado, 》uestro Se隳r Jesucristo! 

Debido a que, es 𠒇icamente la obediencia a nuestro Se隳r 
Jesucristo lo que verdaderamente hace feliz el coraz鏮 santo 
de nuestro Padre celestial, de su Esp甏itu Santo y de sus 
huestes angelicales tambi幯 en todo el reino angelical de los 
cielos y en toda la tierra con todo hombre, mujer, ni隳 y 
ni鎙 de la humanidad entera, sin duda alguna. Y los rituales 
de las ofrendas y de los sacrificios de los animales 
rumiantes eran constantes cada d燰 y cada noche tambi幯, para 
que nuestro Padre celestial no vea sus pecados y derrame su 
ira sobre ellos para exterminarlos por completo, sino que 
s鏊o vea el Esp甏itu bendito de la sangre viviente de su Hijo 
amado, 〔l Hijo de David! 宄ta era la paz duradera por la 
cual los profetas siempre les hablaban a los antiguos departe 
del SE埆R, para que sus vidas vivan cada d燰 prosperando 
continuamente hacia un futuro mejor y m嫳 no lo contrario.

En verdad, nuestro Padre celestial desde la antig㷇dad, como 
en el reino de los cielos, en el para疄o y as�tambi幯 hasta 
nuestros d燰s, por ejemplo, "es un Dios de sangre santa", 
pero solamente la sangre bendita de su Hijo amado, la cual 
est�limpia y libre de toda imperfecci鏮 y de todo pecado, 
por supuesto, para bendecirlo todo siempre. Y cuando nuestro 
Padre celestial ve燰 el ritual del derramamiento de la sangre 
del animal rumiante sobre su altar y sobre la tierra, 
entonces ve燰 la sangre de su Jesucristo, por tanto, su ira 
se alejaba de 匜 para no castigar al malvado seg𠒇 haya sido 
su pecado y su maldad en contra de 匜 y de Sus Mandamientos 
sagrados. 

Adem嫳, esto no era tan s鏊o en Israel sino en casi todas las 
dem嫳 naciones de la tierra, porque nuestro Padre celestial 
buscaba propagar su gloria en todos los corazones de todos 
los hombres, mujeres, ni隳s y ni鎙s de la humanidad entera, 
para gloria y para honra infinita de su nombre muy santo, por 
ejemplo. Y las palabras de las ense鎙nzas de los profetas del 
SE埆R avanzaban a pasos agigantados para tocar las vidas de 
muchos por todas las naciones de la tierra, para que la 
sangre del pacto eterno entre Dios y el hombre sea honrada en 
sus vidas cada d燰 y para siempre en la eternidad. 

Y as�muchos escapaban la ira de Dios y, hasta tambi幯, 
escapaban sus enfermedades y muertes tempranas en sus vidas y 
en la vida de los suyos, por ejemplo; y los antiguos 
entend燰n que "el Esp甏itu de la sangre del Cordero Escogido 
de Dios" tenia que ser constante delante de su presencia 
santa, para que todo est�bien con ellos siempre. Por eso es 
que las ofrendas y los sacrificios de los animales rumiantes 
de un a隳 y sin tacha eran constantes, como cada ma鎙na, cada 
tarde y cada noche, para que la ira de Dios se aplaque y no 
termine con la vida de ning𠒇 pecador ni de ninguna pecadora 
en todas las naciones y hasta en toda la tierra tambi幯. 

Y los sacrificios de sangre no cesaban delante de la 
presencia santa de Dios, porque tenia que ser as�cada d燰 y 
cada noche y, adem嫳, porque la bendici鏮 de la sangre 
santificadora, reparadora y sus poderes sobrenaturales eran 
para todos, hebreos y gentiles, por igual; y los profetas del 
SE埆R llevaban estas verdades infinitas a muchos por toda la 
tierra. De d燰 en d燰, s鏊o por medio de la ense鎙nza de los 
siervos de Dios de esta gran verdad y justicia celestial, 
entonces el hombre de toda la tierra podr�empezar a 
comprender la importancia de ella y como funciona 
sobrenaturalmente en su vida sin cesar, para hacer que los 
poderes del pecado no afecten su vida de ninguna manera 
peligrosa. 

As�pues, Israel se inicia en sus ofrendas y en sus 
sacrificios de los animales rumiantes de un a隳 y sin tacha 
alguna en sus cuerpos sacrificados, para que la sangre del 
sacrificio sea lo m嫳 pura, santa y perfecta posible sobre el 
altar, simbolizando as�la presencia sagrada de la sangre del 
pacto eterno del Hijo de David. De no ser as� entonces 
nuestro Padre celestial no trataba con ellos jam嫳, sino que 
se alejaba de sus vidas y de sus tierras, dej嫕dolos 
expuestos a la voluntad malvada de sus pecados y de los 
poderes terribles de las profundas tinieblas mentirosas de 
Satan嫳 y de sus 嫕geles ca獮os, para que sean ultrajados, 
robados, desterrados y destruidos por fin. 

Hist鏎icamente, los enemigos de Israel siempre han sido 
gentes que sirven a Satan嫳, de una manera u otra, pero le 
sirven a 幨 y a sus profundas tinieblas de mentiras 
incre燢les y sumamente mort璗eras para ofender a Dios, y, por 
tanto, s鏊o la sangre bendita del Hijo de David los protegi�
desde el 憖odo de Egipto y hasta nuestros d燰s tambi幯. 
Porque s鏊o el Esp甏itu de la sangre y de la vida gloriosa 
del 嫫bol de la vida en el para疄o y en la tierra, nuestro 
Se隳r Jesucristo, puede perdonar, borrar pecados, para que 
los corazones de las gentes sean sanados de todos sus males 
y, a la vez, llenos de bendiciones sin fin para vivir una 
vida saludable cada d燰. 

De otra manera, no hay perd鏮 posible de pecados para nadie, 
ni menos la tierra puede ser sanada de todos sus males, para 
que sus frutos sean bendecidos por Dios mismo y alimente a 
las multitudes, d嫕doles todos sus ingredientes naturales, 
como vitaminas y minerales, por ejemplo, para vivir una vida 
saludable y libre de toda enfermedad. Porque los poderes del 
pecado de Ad嫕 y Eva son terribles en el coraz鏮 y en la vida 
de cada uno de sus hijos, para no solamente hacerles da隳 
cada d燰 de sus vidas por la tierra o a la tierra misma, sino 
tambi幯 en el m嫳 all� como en el infierno, para que jam嫳 
vuelvan a levantarse a la vida eterna. 

Pero si la misma tierra es bendecida por nosotros mismos al 
arrepentirnos de nuestros pecados en contra de nuestro Padre 
celestial y de su Jesucristo, por ejemplo, entonces no 
solamente ya no nos dar燰 de sus frutos pobres con falta de 
sus vitaminas y minerales esenciales para nuestros cuerpos, 
sino que nos llenar燰 de vida saludable en gran medida. Y 
esto es que nos dar燰 no solamente de lo mejor posible de sus 
frutos vitales, sino que tambi幯 no nos retendr燰 nuestros 
cuerpos muertos en sus tumbas, sino que abrir燰 sus tumbas 
para devolver a la vida a sus muertos y as�tambi幯 sus r甐s, 
sus mares y sus oc嶧nos de toda la tierra, por ejemplo, sin 
duda ninguna. 

Entonces, y sin que nos demos cuenta jam嫳, la tierra tambi幯 
se hace justicia por s�misma en contra de nosotros, por 
nuestras culpas y maldades en contra de Dios, de su Ley y de 
su Hijo Jesucristo, y no solamente no nos da de sus buenos 
frutos escondidos en sus profundidades, sino que tambi幯 nos 
encierra en sus tumbas eternas. Por eso es que hay muchos 
encarcelados en las tumbas de toda la tierra, porque no 
amaron a su Dios y Fundador de sus vidas, ni menos honraron 
en sus corazones a su Hijo amado, como 匜 mismo los llama a 
amarle a 匜 y honrar su Ley viviente por siempre y hasta a𠒇 
m嫳 all�de la nueva eternidad celestial. 

Adem嫳, la tierra no devolver�a sus muertos jam嫳, ya sea en 
sus r甐s, mares o oc嶧nos y s鏊o hasta que nuestro Se隳r 
Jesucristo le entregue de la bendici鏮 personal de nuestro 
Padre celestial, y 廥te ser�el d燰 de la resurrecci鏮 para 
que todos los hombres, mujeres, ni隳s y ni鎙s que han pisado 
la tierra, vuelvan a la vida. Y todo ser viviente que haya 
vivido en la tierra volver�a la vida tal como fue en vida, 
porque la misma tierra lo deja ir suelto, por mandato y por 
amor de nuestro Padre celestial y, adem嫳, por la gracia 
sobrenatural de su Hijo amado, la resurrecci鏮, 〔l 嫫bol de 
la vida! 

Unos se levantaran en el d燰 de la resurrecci鏮 para juicio y 
verg㷇nza eterna, porque jam嫳 amaron a su Dios, ni honraron 
a su Hijo amado en sus corazones; pero otros se levantaran, 
en su gran mayor燰 a la vida y salud eterna, porque amaron a 
su Dios y honraron cada d燰 de sus vidas a su Jesucristo en 
sus corazones. Entonces nosotros mismos, por medio del 
esp甏itu de nuestra fe, en el nombre glorioso y sobrenatural 
de nuestro Se隳r Jesucristo, el cual la tierra junta con sus 
diversos r甐s, mares y oc嶧nos perfectamente conocen con sus 
vidas vol嫢iles, marinas y terrenales, de aves, peces y 
animales y hasta de su vida subterr嫕ea igual, pues podemos 
alcanzar muchas bendiciones sobrenaturales desde ahora. 

Es decir, que la tierra tiene grandes poderes sobrenaturales, 
as�como de la misma tierra santa y gloriosa del para疄o y 
del reino angelical, para bendecir grandemente nuestras 
vidas, si tan s鏊o la bendecimos a ella misma en la mayor燰 
de los casos, removiendo nuestros pecados y rebeliones en 
contra de su Creador y salvador de su vida, 》uestro Se隳r 
Jesucristo! Y es esto lo que la tierra desea de nosotros, que 
la salvemos, amando a nuestro Padre celestial y a su Hijo 
Jesucristo, para que entonces nuestros pecados, los cuales 
son muy malos y muy pesados sobre toda ella entonces 
desaparezcan por completo, para que las bendiciones 
celestiales tomen sus lugares respectivos por todos lados, y 
as�la tierra enriquecer燰 grandemente. 

Hoy en d燰, si nosotros hacemos caso de las ense鎙nzas de los 
profetas de la antig㷇dad, y no somos rebeldes a ellos ni a 
sus Escrituras, como los antiguos, por ejemplo, entonces 
nuestro Padre celestial nos bendecir燰 grandemente, para que 
la tierra, a su vez, sea bendita tambi幯 cada d燰 y para 
siempre en la eternidad venidera del nuevo reino angelical. 
Por eso es que las ense鎙nzas de los profetas y sus 
Escrituras jam嫳 morir嫕, ni perder嫕 sus poderes 
sobrenaturales en la tierra ni en el cielo para bendecir 
nuestras vidas cada d燰 y encaminarnos por el camino antiguo 
de nuestro Padre celestial para con Israel y para con la 
humanidad entera tambi幯, para miles de generaciones 
venideras en la eternidad. 

Es decir, que jam嫳 hubo otro camino de regreso al para疄o y 
a las manos sant疄imas de nuestro Padre celestial y de su 
Esp甏itu Santo, Creadores celestiales de nuestras vidas y de 
nuestras almas vivientes para amar, comer y beber por siempre 
de su fruto de vida y de salud eterna, el Hijo de David, �
nuestro Se隳r Jesucristo! Presentemente, nuestro Padre 
celestial nos ha dado del Esp甏itu Santo de la sangre y de la 
vida gloriosa del 嫫bol de la vida, el Hijo de David, para 
escapar las tinieblas de las mentiras terribles de Satan嫳 y 
del 嫕gel de la muerte y sus seguidores tradicionales, para 
vivir en la paz eterna de su luz m嫳 brillante que el sol. 

De hecho y derecho, 廥ta es la sangre del pacto eterno, la 
cual nos cubre, nos protege y sobre todo nos libra de 
nuestros pecados, tinieblas, problemas, enfermedades, de lo 
desconocido, maldiciones en la tierra y del m嫳 all�y con 
sus m嫳 ricas bendiciones de vida y de salud celestial, en la 
tierra y en el cielo, para siempre. Porque el poder de la 
sangre del Hijo de David, nuestro Salvador Jesucristo, "es 
como el jab鏮 y el agua" para lavarnos por dentro en el 
cuerpo, en el coraz鏮, en el esp甏itu, en el alma y en la 
vida de cada hombre, mujer, ni隳 y ni鎙 de todas las familias 
de las naciones del mundo entero, comenzando con Israel, por 
ejemplo. 

Es decir, que el Esp甏itu de la sangre y de la vida del Hijo 
de David lava el coraz鏮 de todas las impurezas sat嫕icas, 
dejando el cuerpo limpio de los males de las enfermedades de 
las tinieblas y as�el alma queda purificada y libre de la 
mancha eterna del poder del pecado y del 嫕gel de la muerte 
para siempre. Adem嫳, la sangre del pacto eterno de nuestro 
Salvador Jesucristo, en si, es tan poderosa que realmente no 
sabemos, ni entendemos, toda lo poderosa que es en la tierra 
y en la eternidad tambi幯, por ejemplo, como en la vida de 
los 嫕geles y as�tambi幯 de cada hombre, mujer, ni隳 y ni鎙 
de todas las naciones de la tierra. 

Mejor dicho, el Esp甏itu de la sangre y de la vida sant疄ima 
de nuestro Se隳r Jesucristo son los milagros mayores del 
reino angelical y de la humanidad entera de las naciones de 
toda la tierra, en el para疄o y en la nueva vida infinita de 
La Nueva Jerusal幯 santa y gloriosa del cielo y m嫳 all�de 
toda duda. Porque la sangre del pacto eterno de nuestro Se隳r 
Jesucristo para con el hombre de la tierra, de parte de 
nuestro Padre celestial y de su Esp甏itu Santo, en si, puede 
limpiarlo de todos sus pecados con tan s鏊o confes嫫selos a 
匜, invocando su nombre sant疄imo en un segundo eterno, como 
en un momento de fe y de oraci鏮, por ejemplo. 

Esto es poder, poder sobrenatural e infinito, el cual se 
convierte en muchos poderes a𠒇 mayores, para perdonar 
pecados ya olvidados de nuestros antepasados, sanar 
corazones, almas, esp甏itus y cuerpos humanos y hasta 
nuestras tierras tambi幯, dej嫕dolos completamente 
regenerados como si jam嫳 hubiesen pecado o sufrido la 
maldici鏮 alguna de Satan嫳 y de sus profundas tinieblas del 
infierno, por ejemplo. Fue por esta raz鏮 que nuestro Padre 
celestial les dec燰 a los antiguos, comenzando con Ad嫕 y Eva 
en la tierra, por ejemplo, mata y come, pero la sangre del 
animal rumiante del sacrificio tendr�que ser derramada sobre 
la tierra, y nadie podr�comer de ella por ninguna raz鏮: 
porque la vida del animal est�en su sangre. 

Y yo les he dado "la sangre" para expiaci鏮 de sus pecados; 
para que de esta manera sus pecados les sean perdonados y 
borrados; y no es que la sangre del animal tenga alg𠒇 poder 
curativo o de perd鏮 de pecados, sino que es usada, como 
siempre, en substituci鏮, o como s璥bolo, de la 𠒇ica sangre 
sant疄ima del Hijo de David. Es decir, que cada uno de los 
sacrificios de sangre de los animales rumiantes, en realidad, 
fueron hechos, comenzando con el de Abel, por ejemplo, en 
reemplazo, en lugar, de la verdadera sangre liberadora, 
justificadora, sanadora, salvadora, compensadora, llena de 
vida y de salud eterna y con todas sus bendiciones sin fin 
del Hijo de David, 》uestro Se隳r Jesucristo! 

Entonces los antiguos aprehend燰n al animal rumiante y lo 
degollaban sobre el altar del SE埆R, dejando as�que su 
sangre se derrame sobre la tierra, siempre pensando y 
honrando la verdadera sangre divina, la que limpia y cubre 
los pecados y rebeliones de los hombres, mujeres, ni隳s y 
ni鎙s de la humanidad entera, para perd鏮, bendici鏮, salud y 
prosperidad eterna. Por eso es que el coraz鏮, el alma, el 
cuerpo, el esp甏itu y la vida del pecador y de la pecadora de 
toda la tierra pueden realmente ser perdonados de sus 
pecados, para que tengan una vida sana, santa y pura, como si 
jam嫳 hubiesen pecado, o conocido el pecado en todos los d燰s 
de sus vidas por toda la tierra. 

En verdad, 廥ta es una vida sumamente pura, tan pura como la 
de los 嫕geles del cielo o del mismo 嫫bol de la vida eterna 
del para疄o, la cual agrada a nuestro Padre celestial en toda 
su verdad, justicia, santidad, perfecci鏮 y gloria infinita, 
〔l Hijo de David! Antiguamente, esto era algo que s�tenia 
que hacer con cada uno de los sacrificios de los animales 
rumiantes de un a隳 y sin tacha alguna, para que sea entonces 
aceptado delante de nuestro Padre celestial, para que los 
pecados sean cubiertos y as�su ira santa no se encendiera 
para destruirlos por sus culpas y por sus maldades 
cotidianas. 

Y lo mismo sigue siendo verdad, hoy en d燰, en Israel y en 
toda la tierra, tal cual como en los d燰s del pasado, pero 
esta vez tenemos ya la verdadera sangre sant疄ima, derramada 
en su d燰 sobre la cima santa en las afueras de Jerusal幯, 
"el gran altar celestial", para fin del pecado y el comienzo 
de la felicidad eterna. Y es precisamente 廥ta misma sangre 
divina en la antig㷇dad, por medio del sacrificio de la 
sangre simb鏊ica de los animales rumiantes, la que cubri� 
perdono y borro los pecados y rebeliones de los antiguos y de 
miles de generaciones venideras en el futuro en la tierra y 
en el para疄o eternamente, la cual act徤 hoy en tu vida 
grandemente tambi幯. 

Y, desde entonces ac� sin 廥ta sangre sumamente sant疄ima, 
la cual comenz�con el derramamiento del sacrificio de Abel 
sobre el altar del SE埆R, nuestro Padre celestial no le habla 
a nadie jam嫳 no importando sea quien sea la persona o 
personas, naci鏮 o naciones, como Mois廥 o como todo Israel 
hist鏎ico y sus doce tribus, por ejemplo. Consecuentemente, 
sin el derramamiento de la sangre del Cordero del Sacrificio 
eterno, nuestro Se隳r Jesucristo, entonces la ira de nuestro 
Creador no pod燰 salir de la persona o personas, naci鏮 o 
naciones, sino que se quedaba sobre ellos hasta destruirlos 
enteramente; es decir, que sin el derramamiento de la sangre 
divina sobre la tierra no hay perd鏮 de pecado alguno, jam嫳. 

Entonces estos sacrificios y derramamientos de sangres, 
verdaderamente eran para cubrir temporalmente las culpas y 
los pecados de las gentes, hebreas o gentiles, de las cuales 
se acercaran al SE埆R buscando su perd鏮 y su reconciliaci鏮 
sant疄ima para con 匜, para que sus suertes cambien para bien 
de cada d燰 de sus vidas por toda la tierra y para la 
eternidad. Porque la verdad es tambi幯, as�como los profetas 
de la antig㷇dad lo manifestaban a las multitudes de Israel y 
de los diversos pueblos de las naciones regados por toda la 
tierra, de que s鏊o el Esp甏itu de la sangre sant疄ima 
rociada sobre el altar del SE埆R y derramada sobre la tierra, 
entonces sus suertes pod燰n cambiar para bien eterno 
seguidamente. 

Y lo mismo es verdad, hoy en d燰, tambi幯 no solamente en 
Israel sino en todas las familias de las naciones, de que 
s鏊o invocando el Esp甏itu de la sangre del sacrificio eterno 
del Hijo de David, el Cristo, puede cambiar la suerte de sus 
vidas para bien, para que sus enfermedades, problemas sean 
resueltos y as�sus vidas mejoradas grandemente. Los profetas 
y m嫳 los que entend燰n lo que nuestro Padre celestial estaba 
haciendo con ellos, entonces esperaban por la venida del Gran 
Rey Mes燰s, para liberarlos de sus males y bendecirlos 
grandemente no tanto como naci鏮, sino a cada una de sus 
vidas individualmente y para siempre con el fin de que 
regresen al cielo, a las manos santas del SE埆R. 

Por eso, el Se隳r Jesucristo cuando predicaba sus palabras a 
los hebreos, entonces les aseguraba, dici幯doles, por 
ejemplo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie podr�
jam嫳 regresar a la presencia santa de Dios en el reino de 
los cielos, sino es por m� Puesto que, "el Se隳r Jesucristo 
es el 𠒇ico quien les hablaba" a los profetas para que los 
hebreos obedecieran al SE埆R, nuestro Padre celestial, con el 
fin de que sus ofrendas y sus sacrificios de animales 
rumiantes sean lo m嫳 santos posibles sobre su altar y 
delante de su presencia gloriosa, para que sus pecados sean 
borrados para siempre. 

Y, adem嫳, es 匜 mismo, el Hijo de David, quien de la misma 
manera siempre les hablaba por las Escrituras y as�tambi幯 
por el Esp甏itu de la Ley viva a los hebreos cada d燰 y hasta 
nuestros d燰s tambi幯; es decir, que cada vez que los hebreos 
leen las Escrituras o la Ley, est嫕 hablando con el Hijo de 
David. Y la raz鏮 porque nuestro Se隳r Jesucristo les 
aseguraba estas palabras a los hebreos y as�tambi幯 a los 
gentiles, cuando les dec燰 que s鏊o era 匜 el camino al 
cielo, porque tenia en 匜: la sangre del pacto eterno en sus 
venas, para ser derramada por ellos en su d燰, para perd鏮 y 
para reconciliaci鏮 santa con la felicidad celestial. 

Adem嫳, como nuestro Se隳r Jesucristo tenia en s�mismo la 
sangre del pacto eterno, no solamente salvaba a las personas 
y familias de los hebreos y gentiles, cada vez que les 
predicaba su evangelio santo y oraba por ellos, sino que 
tambi幯 los liberaba del poder de sus enemigos y de sus 
muchas aflicciones y enfermedades eternas y mortales 
juntamente. Esto era glorioso ver al Hijo de David caminando 
por las calles de las ciudades y aldeas de Israel predicando 
su evangelio eterno, el mismo evangelio antiguo de Abraham, 
Isaac, Jacobo, Mois廥, David y en fin todos los patriarcas y 
profetas de Israel, para perd鏮 y sanidad de sus cuerpos y 
vidas humanas; las gentes eran sanadas de males terribles 
diariamente. 

Se ve燰n grandes milagros entre los que segu燰n al Hijo de 
David por todo Israel a donde tenia que ir para predicar la 
misma palabra que los profetas hab燰n anunciado a las 
multitudes de su parte en la antig㷇dad, para que dejen de 
caminar en las tinieblas y as�se encaminen infinitamente en 
la luz de la vida eterna, 》uestro Jesucristo! Porque todos 
los sacrificios de derramamiento de sangre, comenzando con 
Abel y en adelante, en verdad, fueron hechos en 
reemplazo/lugar del derramamiento santo del pacto eterno, de 
la sangre salvadora del 嫫bol de la vida, el mismo 嫫bol de 
los 嫫boles sin vida de Ad嫕 y Eva sobre la cima santa de 
Jerusal幯, "el gran altar de Israel", 》uestro Se隳r 
Jesucristo! 

En otras palabras, el sacrificio y derramamiento de sangre de 
cada cordero o animal rumiante, para el sacrificio sobre el 
altar de Dios, comenzando con el sacrifico de Abel, por 
ejemplo, era simb鏊ico del verdadero sacrificio y 
derramamiento de sangre salvadora, la cual vendr燰 despu廥 de 
sus vidas, como hoy mismo viene a ti, si tan s鏊o invocas su 
nombre maravilloso. De hecho, 廥te es el pacto de sangre 
sant疄ima del Hijo de David, nuestro Se隳r Jesucristo, para 
el pacto de vida eterna entre Dios y el hombre de la tierra, 
para as�cubrir sus pecados, no temporalmente, sino para 
siempre en la tierra y en la eternidad venidera del nuevo 
reino sempiterno de La Nueva Jerusal幯 santa y gloriosa del 
cielo. Porque sin la sangre bendita del Hijo de David ning𠒇 
hebreo o gentil, sea quien sea la persona, jam嫳 podr�pisar 
tierra santificada de la nueva vida infinita de La Nueva 
Jerusal幯 santa y gloriosa del cielo: en donde todo es paz, 
gloria, pureza, santidad y verdadera perfecci鏮 de amor de 
todas las cosas para siempre. 

(Y, hoy en d燰, si eres hebreo o gentil y si deseas regresar 
al Dios de Abraham, al Dios de Isaac y al Dios de Jacobo en 
la tierra y en el cielo, pues entonces tienes que tener la 
sangre bendita del Hijo de David viviendo en tu coraz鏮, para 
que comiences a vivir infinitamente desde ya: "Tu eternidad 
bendita". Para que tu esp甏itu, tu alma, tu cuerpo y toda tu 
vida humana sean santas, perfectas y llenas de amor para 
entrar a la vida eterna del cielo y si no, pues morir嫳 en 
tus pecados y en tus tinieblas para jam嫳 volver a ver la luz 
del d燰, ni mucho menos la luz gloriosa del rostro del SE埆R 
para siempre.) 

Y los profetas del SE埆R cada d燰 daban testimonio 
contundente de todo esto al pueblo de Israel y de las 
naciones tambi幯, as�como lo leen hoy en d燰, por ejemplo, 
para que sus pecados les sean perdonados y as�se conviertan 
de sus vidas pecadoras a la vida santa del Santo de Israel y 
de las naciones, 》uestro Se隳r Jesucristo! Porque s鏊o el 
Se隳r Jesucristo es la paz, la gloria y la felicidad infinita 
no solamente de nuestro Creador, sino tambi幯 de sus 
diversidades de 嫕geles en sus rangos de glorias y poderes y 
as�tambi幯 la paz, la gloria, la prosperidad y la felicidad 
perfecta de cada hombre, mujer, ni隳 y ni鎙, comenzando con 
Ad嫕 y Eva en el para疄o. 

Y sin la sangre del Se隳r Jesucristo no hay paz, ni gloria, 
ni felicidad alguna para nadie sea quien sea la persona, 
familia o naci鏮 del mundo entero; no hay paz ni felicidad 
alguna para el imp甐, ni antes ni despu廥, declara 
abiertamente la Escritura prof彋ica; a no ser que se 
arrepientan de sus pecados, aceptando a Jesucristo en sus 
vidas pecadoras. Entonces 廥ta sangre sant疄ima de nuestro 
Se隳r Jesucristo no solamente borra pecados de personas o 
familias enteras, sino tambi幯 de naciones, como la 廧oca 
cl嫳ica de Israel, la cual siempre fue muy meticulosa con los 
preceptos y rituales del servicio al SE埆R, por medio de los 
derramamientos de la sangre de los corderos, para perd鏮 y 
reconciliaci鏮 nacional con el SE埆R. 

Entonces para que todo esto sea una realidad en los d燰s 
antiguos de Israel, nuestro Dios enviaba a sus siervos y a 
sus siervas uno tras otro, como profetas, jueces, pastores, 
para que les ense鎑n los preceptos, mandamientos y rituales a 
seguir constantemente de la sangre sant疄ima de su Hijo 
Jesucristo, para que todos ellos vivan en paz con 幨 
infinitamente. Y si no lo hac燰n as�para satisfacer toda 
verdad y justicia en sus vidas, obedeciendo a sus profetas de 
todas las palabras que les ense鎙ban de parte de 匜, pues 
entonces eran entregados por Dios mismo a sus enemigos una y 
otra vez, para que sean derrotados y castigados por ellos en 
Israel y hasta en tierras lejanas tambi幯. 

Adem嫳, Dios hacia todo esto en contra de Israel, porque su 
ira se derramaba grandemente por culpa de sus pecados, por no 
obedecerle a 幨, conforme a su m嫳 santa y gloriosa voluntad, 
por medio del Esp甏itu Santo de los rituales de la sangre 
simb鏊ica derramada sobre su altar y sobre la tierra, para 
perd鏮 y paz duradera en sus vidas. Es decir, que en la 
antig㷇dad y no tanto as�hoy en d燰, porque el Se隳r 
Jesucristo ya derramo su sangre santa para perd鏮 de pecados, 
si nuestro Padre celestial no ve燰 el Esp甏itu de la sangre 
bendita de su Hijo amado cubriendo los pecados, entonces su 
ira se inflamaba as�por as�y destru燰 todo enteramente, sin 
previo aviso. 

Entonces muchos hebreos murieron as�y al instante, bajo la 
ira inflamada de nuestro Padre celestial por culpa de sus 
pecados, porque no ve燰 el Esp甏itu de la sangre y de la vida 
sant疄ima del Se隳r Jesucristo, para bien y paz que viene de 
antiguo celestial para sus vidas y para sus tierras tambi幯, 
por supuesto. Pero gracias al sacrificio eterno que los 
antiguos hicieron sobre el monte santo de Jerusal幯 y sobre 
los 嫫boles secos de Ad嫕 y Eva, para fin del pecado y as�
calmar la ira divina tambi幯 sobre Israel y sobre las puertas 
de las familias de las naciones que le aman a 匜 siempre: por 
eso gozamos del perd鏮 eterno actualmente. 

Porque nuestro Padre celestial hab燰 levantado no solamente 
profetas sino tambi幯 hombres, mujeres, ni隳s y ni鎙s de 
todas las familias de Israel, para que no solamente vivan 
alegres y felices con 匜, obedeciendo cada d燰 sus Santos 
Mandamientos, sino tambi幯 para que salieran a las naciones a 
ganar pros幨itos para su nuevo reino sempiterno y angelical, 
‥a Nueva Jerusal幯 celestial! Para que muchos de ellos se 
conviertan a la verdad del Esp甏itu de la Ley viviente y del 
mensaje sant疄imo de los rituales del sacrifico y de las 
ofrendas al SE埆R, de los cuales conllevan el mensaje 
milagroso del perd鏮, bendici鏮, sanidad y salvaci鏮 eterna 
del alma viviente del hombre, por los poderes sobrenaturales 
de la sangre viva del Gran Rey Mes燰s. 

Y esto era algo que nuestro Padre celestial quer燰 regar por 
las naciones, para que ellas tambi幯 sean cumplidoras del 
Esp甏itu de Sus Diez Mandamientos y de las ordenanzas y 
decretos, los cuales rigen cada d燰 el servicio santo al 
SE埆R, de cada una de sus ofrendas y sacrificios de 
derramamientos de sangres sobre su altar y ante su presencia 
gloriosa. Porque cada ofrenda y sacrificio del animal 
rumiante ante la presencia santa de nuestro Padre celestial 
es "el aroma sumamente rico" de la sangre bendita del pacto 
eterno, llena de perd鏮, bendici鏮, paz, gozo, felicidad, 
verdad, santidad, justicia y vida eterna para todos los que 
aman al SE埆R creador del cielo y la tierra. 

Porque para esto nuestro Padre celestial levanta a Israel 
desde el vientre de sus madres, para que sean bendici鏮 sobre 
las naciones, llevando el mensaje glorioso del perd鏮, 
bendici鏮, salud y salvaci鏮 para una vida santa y sumamente 
gloriosa, llena de bendiciones inagotables de nuestro Padre 
celestial, de su Esp甏itu Santo y de su 嫫bol de la vida, 〔l 
Mes燰s celestial! Y fue as�como nuestro Padre celestial 
disperso por todas las naciones a su pueblo de Israel con sus 
doce tribus (s鏊o un remanente quedo en Israel, para 
cuidar/retener sus tierras), por ejemplo, para que ellos 
mismos lleven estas grandes ense鎙nzas del evangelio del 
perd鏮, bendici鏮, sanidad y salvaci鏮 para cada una de todas 
las familias de la humanidad entera. 

Por eso es que el nombre del SE埆R y sus Escrituras junto con 
sus profetas y su Ley sant疄ima son conocidos a fondo por 
muchos en todas las naciones; la Biblia es el primer libro 
m嫳 le獮o mundialmente e hist鏎icamente hablando, para que 
estas verdades y justicia interminable de nuestro Padre 
celestial y de su Jesucristo llenen toda la tierra 
enteramente. En s� 廥ta es la predicaci鏮 santa y sumamente 
gloriosa de los profetas antiguos del SE埆R, llena de perd鏮, 
sanidad, milagros, maravillas, prodigios en los cielos y en 
la tierra para bien de muchos en todas las familias de la 
humanidad entera, hoy en d燰 y para siempre en la eternidad 
celestial e infinita, 》uestro Se隳r Jesucristo! 

Es decir, que nuestro Padre celestial usa a Israel 
inicialmente con sus profetas para predicar su santo 
evangelio de su Hijo Jesucristo para perd鏮, bendici鏮, salud 
y salvaci鏮 de todas las familias de las naciones, para que 
todas llegasen a entender que "es el derramamiento de la 
sangre del sacrificio" el cual cubre sus pecados, para 
salvaci鏮 y para sanidad eterna. Y sin el derramamiento de la 
sangre santa de su Hijo amado, el Hijo de David, entonces no 
hay perd鏮 de pecado alguno para nadie, ni mucho menos 
bendici鏮, ni sanidad, ni salvaci鏮 alguna de sus almas 
vivientes, en esta vida ni en el m嫳 all� como en el para疄o 
o como en La Nueva Jerusal幯 gloriosa e infinita del cielo. 

Por todo ello, 廥ta sangre santa y gloriosa, llena de perd鏮, 
llena de bendici鏮, llena de salud, paz y vida eterna, es la 
sangre reparadora de su Hijo amado, el Hijo de David, el cual 
la derramar燰 por amor no solamente de Israel sino tambi幯 de 
tu vida y de la vida de los tuyos tambi幯, mi estimado 
hermano y hermana. Para que de esta manera toda la tierra sea 
llena de su gloria sant疄ima de norte a sur y de este a 
oeste, as�como el reino angelical de los cielos, por 
ejemplo, la cual est�llena de su gloria viviente de su Hijo 
amado, nuestro Se隳r Jesucristo, 〔l 嫫bol de la vida eterna 
de todos sus seres creados para siempre!  

El amor (Esp甏itu Santo) de nuestro Padre celestial y de su 
Jesucristo es contigo. 


。ultura y paz para todos, hoy y siempre!


D璲ale al Se隳r, nuestro Padre celestial, de todo coraz鏮, en 
el nombre del Se隳r Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Se隳r. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, tambi幯, para 
siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo amado, 
nuestro Se隳r Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad d燰 y 
noche, (Deuteronomio 27: 15-26): 

"'﹐aldito el hombre que haga un 獮olo tallado o una imagen 
de fundici鏮, obra de mano de tallador (lo cual es 
transgresi鏮 a la Ley perfecta de nuestro Padre celestial), y 
la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dir� '�
Am幯!' 

"'﹐aldito el que le reste importancia a su padre o a su 
madre!' Y todo el pueblo dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que cambie de lugar los limites de propiedad 
de su pr鎩imo!' Y todo el pueblo dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que desvi�al ciego de su camino!' Y todo el 
pueblo dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que falsee el derecho del extranjero, del 
hu廨fano y de la viuda!' Y todo el pueblo dir� ',m幯!'

 "'﹐aldito el que se acueste con la mujer de su padre, 
porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo 
dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que tenga contacto sexual con cualquier 
animal!' Y todo el pueblo dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que se acueste con su hermana, hija de su 
padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el 
pueblo dir� ',m幯!'

 "'﹐aldito el que a escondidas y a traici鏮 hiera de muerte 
a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dir� '�
Am幯!' 

 "'﹐aldito el que acepte soborno para matar a un inocente, 
sin causa alguna!' Y todo el pueblo dir� ',m幯!' 

 "'﹐aldito el que no cumpla las palabras de esta ley, 
poni幯dolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo 
el pueblo dir� ',m幯!'

LOS 沝OLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los 獮olos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo 
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, 
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre celestial y de su 
Esp甏itu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en 
廥ta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quiz�que 
el fin de todos los males de los 獮olos termine, cuando 
llegues al fin de tus d燰s. Pero esto no es verdad. Los 
獮olos con sus esp甏itus inmundos te seguir嫕 atormentando 
d燰 y noche entre las llamas ardientes del fuego del 
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. 
En verdad, el fin de todos estos males est�aqu�contigo, en 
el d燰 de hoy. Y 廥te es el Se隳r Jesucristo. Cree en 匜, en 
esp甏itu y en verdad. Usando siempre tu fe en 匜, escaparas 
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la 
presencia terrible de los 獮olos y de sus huestes de 
esp甏itus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos tambi幯, para la eternidad del nuevo reino de Dios. 
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de d燰 en d燰 
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de 
sus 嫕geles santos. Y t�con los tuyos, mi estimado hermano, 
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar 
cada letra, cada palabra, cada oraci鏮, cada tilde, cada 
categor燰 de bendici鏮 terrenal y celestial, cada honor, cada 
dignidad, cada se隳r甐, cada majestad, cada poder, cada 
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus 
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del d燰 de hoy y de 
la tierra santa del m嫳 all� tambi幯, en el reino de Dios y 
de su Hijo amado, 〔l Se隳r Jesucristo!, •l Todopoderoso de 
Israel y de las naciones!

S粌O 仉TA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la 𠒇ica ley santa de Dios y del Se隳r Jesucristo en 
tu coraz鏮, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo as� desde los d燰s de la antig㷇dad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendr嫳 otros dioses delante de m�. 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te har嫳 imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que est�arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinar嫳 ante ellas 
ni les rendir嫳 culto, porque yo soy Jehov�tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generaci鏮 de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomar嫳 en vano el nombre de Jehov�
tu Dios, porque 匜 no dar�por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acu廨date del d燰 del s墎ado para 
santificarlo. Seis d燰s trabajar嫳 y har嫳 toda tu obra, pero 
el s廧timo d燰 ser�s墎ado para Jehov�tu Dios. No har嫳 en 
ese d燰 obra alguna, ni t� ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que est�
dentro de tus puertas. Porque en seis d燰s Jehov�hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
repos�en el s廧timo d燰. Por eso Jehov�bendijo el d燰 del 
s墎ado y lo santific�. 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus d燰s se prolonguen sobre la tierra que Jehov�tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometer嫳 homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometer嫳 adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robar嫳". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No dar嫳 falso testimonio en contra de 
tu pr鎩imo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciar嫳 la casa de tu pr鎩imo; no 
codiciar嫳 la mujer de tu pr鎩imo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
pr鎩imo". 

Entr嶲ale tu atenci鏮 al Esp甏itu de Dios y d廥hazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, tambi幯. Hazlo as�y sin m嫳 demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
獮olos y de sus im墔enes de talla, aunque t�no lo veas as� 
en 廥ta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
tambi幯. Y t�tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los d燰s de la antig㷇dad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el d燰 de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que s鏊o 匜 desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada naci鏮 y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Se隳r 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oraci鏮 de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACI粍 DEL PERD粍

Padre nuestro que est嫳 en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo as�tambi幯 en la tierra. El pan nuestro de cada d燰, 
d嫕oslo hoy. Perd鏮anos nuestras deudas, como tambi幯 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentaci鏮, mas l燢ranos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Am幯. 

Porque s�perdon壾s a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
celestial tambi幯 os perdonar�a vosotros. Pero si no 
perdon壾s a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonar�
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Se隳r Jes𢃼 dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR M�. Juan 14:

NADIE M糜 TE PUEDE SALVAR.

。ONF泝 EN JES湒 HOY! 

MA哻NA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MA哻NA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL D泝 DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
廥te MUNDO y su MUERTE.

Disp鏮te a dejar el pecado (arrepi幯tete):

Cree que Jesucristo muri�por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer d燰 por el Poder Sagrado del Esp甏itu Santo y deja que 
entr�en tu vida y sea tu 湸ICO SALVADOR Y SE埆R EN TU VIDA.

QUIZ糜 TE PREGUNTES HOY: 熹UE ORAR? O 澧粈O ORAR? O 熹U�
DECIRLE AL SE埆R SANTO EN ORACI粍? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios m甐, soy un pecador y necesito tu perd鏮. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi coraz鏮 y a mi vida, como mi SALVADOR.

澤ceptaste a Jes𢃼, como tu Salvador?  燙�_____?  O 燒o 
_____?

澹echa? 燙�____?  O 燒o _____?

S�tu respuesta fue S� entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada d燰 para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los d燰s en el nombre de JES湒. Baut瞵ate 
en AGUA y en El ESP炅ITU SANTO DE DIOS, adora, re𠒇ete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los dem嫳.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecost廥 o pastores del 
evangelio de Jes𢃼 te recomienden leer y te ayuden a entender 
m嫳 de Jes𢃼 y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos est嫕 disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librer燰 cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librer燰s cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros est嫕 a tu disposici鏮, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer m�libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre celestial y de su 
Hijo amado y as�comiences a crecer en 匜, desde el d燰 de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusal幯 d燰 a d燰 y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque 廥ta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvaci鏮 eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Esp甏itu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusal幯". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, dir�yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusal幯". Por causa de la casa de Jehov�nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: implorar�por tu bien, por siempre. 

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Esp甏itu de Dios a toda la humanidad, dici幯dole y 
asegur嫕dole: - Qu�todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehov�de los Ej廨citos, 〔l Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
coraz鏮, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, para la eternidad.


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